27 feb. 2011

El peligro de abrazar (Rodolfo Braceli)

Cuánto hace que

A las preguntas las carga la sed. ¿Por qué esta repentina necesidad de compartirlas? No sé explicarlo. De todos modos, convido a que deshojemos algunas, paladeando la lluvia que sucede o la lluvia que debiera suceder. Observemos, por ejemplo, nuestro estar en este mundo: cada vez que damos un abrazo es porque alguien se va o regresa, o para dar sentido pésame, o porque el bendito almanaque nos dice que es Navidad o Año Nuevo o alguna otra celebración. Siempre abrazo interesado.
¿Cuánto hace que no damos un abrazo de repente, sin motivo alguno, sin explicaciones?
¿Y cuánto que no nos hincamos de asombro para beber el agua?
¿Y cuánto que no comemos nueces con pan a esa hora en que la tardecita es rumiada y mordida despacito por la noche?
A ver: ¿Cuánto hace que no reparamos en las venitas del aire?
¿Y cuánto que no lamemos la piel de ese aire compañero, con panero, que nos permite vivir hoy y aguardar el día de mañana?
¿Nos daremos cuenta alguna vez de que la música es el agua del aire?
Cuando hacemos nuestros trabajos, ¿por qué no silbamos mientras tanto?
¿Hace cuánto que no cantamos en el auto o en el colectivo o en el subterráneo o en el avión? ¿Quién, pero quién dijo que no se puede? ¿Algún Código Penal? ¿Acaso la sagrada Constitución?
¿Cuánto hace que no decimos “buendía” sabiendo, sintiendo, que el día insiste en ser bueno con nosotros porque nos regala, siempre, otra primera vez del sol?
Descalzos, ¿cuánto hace que no caminamos descalzos por la sucesiva espalda de la Tierra que nos parió?
Y decir lo que pensamos y sentimos, de cuajo, sin calcular las consecuencias y sin mirar a quién, ¿hace cuánto? Mejor preguntado: ¿lo hicimos alguna vez?
No nos detengamos: ¿Cuánto hace que no lloramos en voz alta, como lloran los niños que lloran en voz alta?
¿Y cuánto que no soltamos a nuestras manos para que ellas digan el amor que no saben decir las tan pobres palabras?
¿Y cuánto que no abrimos la jaula de nuestro pecho para que nuestro encogido corazón salga por luz con semblante?
¿Y cuándo fue la última vez que nos tomamos el pulso, no para contar latidos sino para sentir y celebrar la sangre que nos viaja por las venas?
Una más: ¿Cuánto hace que no apoyamos el oído sobre el pecho indefenso de alguien que duerme en nuestra casa?

¿Civilización? ¿Cordura? ¿Sentido común?
Damas y caballeros, vivimos despilfarrándonos. Vivimos hasta ahí, en cómodas cuotas mensuales. Vivimos porque se usa. ¿Vivimos realmente?
El viejo Serafín Ciruela me suele comentar que nuestro vivir oscila entre la contractura y el estreñimiento. Que andamos por la vida con el malestar de quien usa calzones o calzoncillos dos talles más chicos.
Las anteriores y la preguntita que viene parecen salidas de uno de esos retiros de autoayuda. De todas maneras afrontémosla: ¿Estamos vivos mientras vivimos?
No hace falta ser demasiado observador para advertir que vivimos desmayando latidos, desangrando sangre. Si nuestra sangre fuera café, estaríamos hablando de un descafeinado. El descafeinado es una cordial estafa que elegimos. Con ese café y con la vida misma, hacemos como que.

¿No será que…
…se nos fue la mano con esto de la civilización y la cordura y el sentido común?
¿No será que nos estamos volviendo “comunes” de tanto sentido común?
Vivimos descorazonando a nuestro corazón. ¿Eso significa ser educados?
El caso es que, si nos fijamos bien, respiramos impunemente.
Despilfarradores, desmayadores, desangradores, descorazonadores. Nos quejamos: “¡No hay tiempo para nada!”, “Los años cada vez vienen más cortos y pasan más rápido”. De acuerdo: vienen más cortos, pasan más rápido, uno no termina de hacer la digestión de un fin de año cuando ya asoma el otro. De acuerdo: pero, ¿cuántas cosas hacemos para matar el tiempo?
Impunes de toda impunidad, afrontemos otra vez la jodida pregunta: ¿Estamos vivos mientras vivimos?
Veloces para las coartadas pronto argumentamos: ¡No podemos pasarnos la vida haciéndonos preguntas todo el tiempo! De acuerdo. Pero tengamos a bien considerar que sería peor, una lástima, que nos pasemos la vida vacíos de preguntas.
Haber nacido, estar anotados en el registro civil, tener documento de identidad es una cosa. Estar vivos es otra. Pasa como con la democracia: estar empadronados, ir a votar es una cosa. Ser habitantes ciudadanos, participar, comprometerse en los primordiales actos de cada día, es otra.

Las preguntas, si realmente preguntan, son inquietantes, peliagudas, desvelan, insomnian, incomodan. Pero dejarlas para mañana vendría a ser como dejar para mañana la conciencia de estar vivos.
Pasarse la vida aparentando y consumiendo y lavándose las manos y esquivando las preguntas es un crimencito perfecto por el que ninguna ley castiga explícitamente.
Pero en realidad, para ese crimencito de lesa inhumanidad, no hace falta cárcel alguna: basta con haberse condenado a ser bien vestidos, reducidos al rol de intestinos eructantes. Nuestros únicos temas son el dinero y la inseguridad.
En nombre de la cordura, de la prudencia y de la bendita prolijidad, ¿cuántas cosas, esenciales, primordiales, dejamos de hacer?

Posdata
Escucho voces airadas: me dicen que la termine de una vez con mi sermón. Tienen razón, me fui al caraxus y al carajo también. Demasiado bla ble bli blo blu.
No encuentro escapatoria y para colmo ahora mismo reaparece el viejo Ciruela que tiene la virtud de asomar en el lugar exacto en el momento menos indicado. Me dice el viejo:
–Rodolfo, esto te pasa por meterte a sermonear. Ahora no le saques el poto a la jeringa. Hágase cargo compañero al menos de una pregunta.
–Hice una punta de preguntas, Ciruela, ¿de cuál me hago cargo?
–Por empezar, de la primera.
–¿Cuál era?
–Vamos, no se me frunza compañero del alma. La primera usted la hizo, usted la sabe.
–Don Ciruela, ¿no podría ser otra?
–No. No podría ser otra. Ésta es: ¿Cuánto hace que no das un abrazo de repente, sin motivo alguno, sin explicaciones?
–La verdad… hace años que no doy un abrazo de repente, así, sin motivo alguno, sin que sea por una despedida o un encuentro o una navidad o un año nuevo. Tantos años hace…
–Tantos, ¿cómo cuántos, Rodolfo?
–Tantos como mi vida entera. Jamás di un abrazo así.
–Nunca es tarde para el abrazo pendiente.
El viejo Serafín Ciruela, para darme una buena palmada, elije mi hombro del lado del corazón. Y se aleja, pero no demasiado. Sin darse vuelta me dice: “No lo dejes para mañana al abrazo. Mañana puede ser demasiado tarde.”

Sigue la Posdata
En este día de un mes del año 2010 después de Cristo he concluido esta nota escribiendo ese “mañana puede ser demasiado tarde”. Pero no es la frase final. Sé que debo tomar una decisión para que no sea cierto que a las palabras se las lleva el viento. Ahora o nunca: Saldré a la vereda, caminaré hasta la esquina de Corrientes y Esmeralda y allí...
Todo llega. Ya estoy en esta esquina sembrada de humanos que van y vienen, urgidos, es como si todos estuviesen llegando tarde al sitio al que van.
Empiezo una silenciosa cuenta regresiva: en segundos voy a dar un abrazo sin aviso, sin mirar a quién, un abrazo al primero o a la primera que se me cruce. Cierro los ojos, no contaré hasta diez, contaré hasta trece… uno…dos… tres… El corazón más que latir me da puñetazos… seis…siete… Qué lenta es la eternidad… nueve… diez… once… Estoy con los ojos cerrados, los abro… doce… trece… Ya suelto mi abrazo y mi abrazo llega a destino desconocido… Ahora abraza mi abrazo ¡así! ¡¡así!! a una mujer de unos cincuenta años… ella salta con un alarido… madremía, sólo la estoy abrazando… Tratando de calmarla le digo felices pascuas… feliz navidad… shalom… buonnatale… felizañonuevo… felizfindesemana… Mi abrazo termina trizado, partido, desparramado sobre las baldosas… carterazos…patadas en mis costillas… sangro mi nariz… respiro el olor fresco de la sangre y ese olor me lleva a la niñez… Un agente de policía y dos, tres tipos me inmovilizan boca abajo… Por suerte las baldosas conservan el olor de la lluvia de esta mañana… Escucho lejanas sirenas, se acercan. ¿Qué mundo hicimos que por dar un simple abrazo sin mirar a quién uno se juega la vida, la libertad?
Mis pensamientos son abollados por insultos que brotan desde una increíble cantidad de gente que en segundos se ha reunido en círculo. De todo me dicen. Pero no se vaya a creer, no hay unanimidad, hay como dos bandos, los insultos están divididos: unos putean a mi madre y otros a mi padre. Otros, más dulces, más específicos, me dicen “atorrante”, “drogadicto”, “violador”… El sonido de las sirenas ya es cercano… alcanzo a ver, porque es bajita, el rostro de una nena de unos cuatro años… Me mira bien, una lágrima le está bajando por la mitad de un pómulo… “No te asustés, nena, no llorés, sólo estamos jugando…”
Una ambulancia y dos patrulleros y otro patrullero más… Me suben a la ambulancia… “Cálmese”, me dice una doctora. “No teman, está tranquilo, es inofensivo”, le avisa la voz del viejo Ciruela que ha conseguido subir a la ambulancia para acompañarme. El policía le pregunta si es familiar del detenido. Ciruela le responde: “Más que familiar, su Alter Ego soy”.
Masculla un rato la palabra “alterego… alterego”, el oficial. Se saca la gorra y me interroga con voz de interrogatorio:
–¿A qué se dedica?
–A teclear.
–¿Pianista?
–No, escribo y cosas así.
–¿Qué ingirió esta mañana?
–Cafecito.
–¿Y qué más?
–Cuatro vasos de agua en ayunas.
–Sujeto masculino, dígame de una vez: ¿qué tomó?
–Eso tomé. Ah, y un pomelo partido en cuatro.
–¿Puede reconocer lo que hizo?
–Sí, puedo.
–A ver, ¿qué hizo?
–Di un abrazo de repente.
–¿Por qué motivo?
–Sin motivo. Porque sí.
–¿Sabe lo que le espera?
–No sé… Antes de seguir, oficial, una cosa quiero decirle.
–Lo escucho.
–Usted esta mañana desayunó con medialunas.
–¿Y cómo lo sabe?
–Porque en el bigote tiene la cascarita de una.
–Carajo, cómo se dio cuenta.
–Y… porque lo estoy mirando.
–¿Puedo decirle algo más?
–¡Otra cascarita!
–No, ya no tiene nada. Quería preguntarle si me deja darle un abrazo.
–Un… abrazo... ¿Usted a mí?
–Sí, a usted. Un abrazo. Y a la doctora. Y al enfermero.

Ninguno de los tres me responde, no les sale la sílaba del sí, pero se las veo en la mirada. Lo abrazo al policía lo abrazo al enfermero ¡a la doctora la abrazo! Ninguno de los tres ofrece la menor resistencia. Tenían sed y no lo sabían.
Y aquí estamos, abrazados. El chofer de la ambulancia ha notado algo extraño, nos está viendo por el espejito. Frena en seco. Se baja, abre las puertas traseras y sube de un salto “¡No sean egoístas y conviden!”. Y sin más se zambulle.
El abrazo se nos prolonga, otra vez gente de género masculino y de género femenino, amontonada.
Nos miran desde el estupor.
Una señora muy aseñorada lidera y exclama “¡Esto es el colmo de la degeneración!”
Un señor muy aseñorado, tal vez el esposo, grita al borde del alarido: “¡Esto es el fin del mundo!”
El viejo Ciruela lo corrige: “El principio del mundo es”

20 feb. 2011

los profetas caidos - kurt cobain




"con la muerte de kurt muere tambien el rock como alegoria de oposicion ... con cobain muere el ultimo heroe roquero porque ya, el rock dejaba de ser rock para pasar a convertirse en pop, en un rock popero en todo caso, que es decir una musica estandarizada y calificada apta para todo publico, sin restriciones de ninguna especie, donde Madonna , una Britney Spears, una Schakira, que mas da, podian exhibir sus redondos traseros al ritmo de un sonido simetricamente bien ejecutado para que hasta el abuelo se empeñara en abrir bien los ojos para poder recibir con fragancia la musica en sus oidos"

framento del libro: los profetas caidos de Victor Roura.

17 feb. 2011

ISAAC ASIMOV - ASNOS ESTUPIDOS

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que
llevaba los anales galácticos.
Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas
razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la
inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían
llegado a la
madurez y poseían méritos para formar parte de la Federacion Galáctica. En
el primer libro habían tachado algunos nombres anotados anteriormente: los
de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado.
La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biodísicas, la falta de
adaptación social se cobraban su tributo.
Sin embargo, en el libro pequeño no había habido que tachar jamás ninguno
de los nombres anotados.
En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano,
levantaba la vista, notando que se acercaba un mensajero.
-Naron -saludó el mensajero-.¡Gran señor!
-Bueno, bueno, ¿qué hay? Menos ceremonias.
-Otro grupo de organismos ha llegado a la madurez.
-Estupendo. Estupendo. Actualmente ascienden muy aprisa.
Apenas pasa año sin que llegue un grupo nuevo. ¿Quiénes son ésos?
El mensajero dio el número clave de la galaxia y las coordenadas del
mundo en cuestión.
-Ah, sí -dijo Naron-. Lo conoco. -Y con buena letra cursiva anotó el dato
en el primer libro, trasladando luego el nombre del planeta al segundo.
Utilizaba, como de costumbre, el nombre bajo el cual era conocido el
planeta por la fracción más numerosa de sus propios habitantes.
Escribió, pues: La Tierra.
-Estas criaturas nuevas -dijo luego- han establecido un récord.
Ningún otro grupo ha pasado de la inteligencia a la madurez tan
rápidamente. No será una equivocación, espero.
- De ningún modo, señor - respondió el mensajero.
- Han llegado al conocimiento de la energía termonuclear, ¿no es cierto?
-Sí, señor.
-Bien, ése es el requisito. -Naron soltaba una risita-. Sus naves
sondearán pronto el espacio y se pondrán en contacto con la Federación.
-En realidad, señor -dijo el mensajero con renuencia-, los Observadores
nos comunican que todavía no han penetrado en el espacio.
Naron quedó atónito.
-¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
-Todavía mo, señor.
-Pero si poseen la energía termonuclear,¿dónde realizan las pruebas y las
explosiones?
-En su propio planeta, señor.
Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó:
-¿En su propio planeta?
-Sí, señor.
Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última
anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que
Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.

-¡Asnos estúpidos!- murmuró.
Fin.


Comentario de Isaac:
Me temo que éste es otro cuento con moraleja. Pero verán ustedes, el
peligro nuclear escaló puntos cuando Estados Unidos y la Unión Soviética,
cada uno por su parte, construyeron la bomba de fusión, o de hidrógeno. Yo
volvía a sentirme amargado.


nota del asilo: la raza humana ama destruir ...

9 feb. 2011

Todo Sigue Dando Vueltas

La vida es como un gran círculo, muy extenso en el cual nosotros caminamos errantes según el radio geométrico del círculo.
De esa tan singular forma geométrica (el circulo), caminaremos como siguiendo una gran orbita imaginaria, la cual, pasaremos reiteradamente por puntos ya trascurridos (quizás de esa forma de ver las cosas nace el dicho popular ¨a la vuelta cae¨), el pasado parecerá volver pero es simplemente que estamos volviendo a pasar por una estación de radio del circulo…. situaciones, personas, en fin, todo tendera a volver (o parecerá volver), somos esclavos de la geometría de la vida…

3 feb. 2011

Heingstoria

En una mañana de marzo, el ruido cotidiano de mi pueblito se torno muy diferente, ya no era el murmullo frenético de gente apresurada para llegar a sus trabajos, las bocinas de los autos en la carretera, esta vez había una ausencia peculiar de todos esos sonidos, la gente seguía murmurando pero esta vez de una forma distinta, como si fuera pecado alzar la voz, los conductores salieron de sus autos para observar el acontecimiento que se estaba suscitando.
Había como un punto de atención el cual la gente lo rodeaba formando u circulo uniforme, todo ocurría en el parque central, cerca del kiosco que yo utilizaba para mis tardes veraniegas, a como pude me abrí paso entre la multitud de conocidos y desconocidos para poder llegar a un buen lugar para ver el gran evento, después de ese esfuerzo, la presencia del acontecimiento que poseía la forma de una bella chica, de ropa extravagante pero con cierta belleza como su rostro, con una cabellera tan larga y negra como la alma del más perverso pecador, sus labios eran de unos rojos tan intensos como la mayor lujuria… permanecía de pie al frete de nosotros, con sus ojos cerrados, muda, como una bella estatua de mármol de alguna civilización olvidada. La gente como le es natural, tienen una gran hambre de curiosidad, deseaban saber cómo y porque esa chica estaba en ese lugar. Mi naturaleza me ha causado buenos y malos ratos y algo que me características es de hacer cosas que la mayoría de las personas no se atreve a hacer, por eso tome la decisión de romper la fila que habíamos autoformado, me acerque de manera pausada a tal punto que podía oír su leve respiración, su rostro permaneció su suave respiración, su rostro permanecía sereno como si estuviera en el más profundo sueño., su belleza era la razón de que muchos de nosotros permanecían alrededor de ella. Cuando pensé que mi acercamiento no provocara ni la menor reacción o cambio en ella, cuando aparte un poco la mírala y volví a ver a mis amigos sentí sus suaves manos en mis manos, inmediatamente oí como si una voz dentro de mi cabeza comenzara a hablarme, una voz de mujer, dulce , era ella , sus ojos grandes y bellos se fijaron en mi, su voz narraba de un reino fantástico, en el cual todas las supersticiones era realidad, que las reglas naturales de mi mundo no existían en su mundo ….no pudo atender mucho de lo que esa voz me decía porque su tono de voz hacia que mi alma quisiera salirse de mi cuerpo, luego de ese estado que bahía yo estado, ella me soltó la mano y se dirigió al resto de los espectadores , su voz era como un susurro pero llegaban a nuestros oídos de forma clara, dijo que venía de heingstoria, que en sus viajes ancestrales había perdido su rumbo y llego a nuestro mundo …acto seguido se desvaneció ante nuestros ojos.