9 ago. 2011

Córtazar y Dalí



Este fin de semana pasado fue para mí muy enriquecedor, el sábado llego con sus cálidos rayos de sol y con el taller literario llamado ¨envíciate a leer¨ en el CENAC como parte del programa de ¨enamórate de tu ciudad¨. Por desgracia llegue a la ¨hora tica¨ pero fue por motivos de fuerza mayor (para no quedar tan mal antes mis lectores jeje) pero bueno, en sí, el taller no es tan taller, es más bien como una especie de tertulia en la cual el expositor habla sobre un escritor, su vida, pensamiento y por supuesto, de sus libros, es muy interesante, salís de ahí con la sensación de haber aprendido muchas cosas valiosas. En esa oportunidad le toco a Cortázar ser el eje centrar de la actividad, es curioso que la obra de Cortázar de base en la magia del encuentros fugases, abstracciones y lo irracional porque, para Cortázar, la vida no debe ser racional o lineal, debería ser un azar, llena de encuentros y mundos creados por la abstracción (como los sueños).

Lo que me impacto más fue la idea de que la vida y la literatura no debería verse como elementos que tienen un principio y fin, no, debería de verse de manera vivencial, como por ejemplo sus libros, que no importa en cual pagina los abras, siempre encontraras algo hermoso y enriquecedor en sus páginas es decir, la esencia del encuentro fugaz (así esta construido RAYUELA), me impacto tanto esta forma de ver y de vivir que me influencio para cambiar mi definición de vida.
Sobre Dalí pues, aparte de que Cortázar estuviera en el rollo surrealista, vi unos documentales sobre este gran salvador de la pintura y su afán de ser un ser integrar (Dalí tenía muchos conocimientos de muchas ramas distintas del saber), el decía de que la especialización era un error, que las personas deberían de saber de todo un poco, pues en eso tiene razón, creo que a los que se limitan a una sola cosa se están condenando a ser enanos espirituales.

La analogía de estos dos personajes es que, ambos no veían la vida de manera tradicional o sistematizada, o que fueran planificadores sociales, todo lo contrario, ellos tenían un concepto de vivir que se asemeja a un gran laberinto lleno de sorpresas y encuentros.